¿ Cuántos
años llevas en el instituto?
Tengo la
sensación de que llevo en el toda la vida, llevo dieciocho años. El
instituto lo conozco de siempre porque es el centro de mi barrio, donde
crecí, donde prácticamente nací. He estado algún tiempo de excedencia pero
he estado viviendo en el propio instituto estos dieciocho años y lo conozco
bastante bien, los cambios producidos en él, en los jóvenes, en la
enseñanza, en el ambiente...
¿Cómo
recuerdas ese primer día en el I.E.S Roces?
Lo recuerdo muy
conflictivo, era una época donde el centro estaba fuertemente dividido,
entre un bloque progresista y un bloque más conservador. “ Y sobre todo”
recuerdo que en esos años había una calefacción de carbón que había que
madrugar muchísimo para encenderla con madera húmeda y que a la mínima había
huelga si no funcionaba la calefacción, recuerdo aquel estrés que me
producía aquella calefacción...
En cuanto a
tu casa, ¿De quién o por qué surgió la idea de que vivieras en el instituto?
En esos años, se empezó a plantear que
había que vivir en todos los institutos, conserje, ordenanza o como se
quiera llamar, entre otras cosas porque había muchos actos vandálicos, se
entraba por la noche, se destrozaban los centros, puertas... Y que
viviéramos allí, de alguna manera era tener 2 x 1 tener uno trabajando de
día y otro de noche, ya que no se invertía en sistemas de alarma, bueno de
hecho se sigue sin invertir.
No es que yo
fuera a vivir ahí, me tocó la vacante y me fui a vivir al centro.
En cuanto a tu opinión de
relación entre alumnos, profesores, conserjes y demás ¿Crees que ha variado
desde hace algunos años hasta hoy?
Sí, yo creo que ha variado un poco en las
formas pero en el fondo sigue siendo una relación de poder, quiero decir,
poder lo tiene la dirección..., quienes dan las clases frente a los alumnos.
Las relaciones siempre son luchas por espacios de participación..., de
reparto de poder. Se dramatiza mucho en las cuestiones de violencia en los
centros, de falta de respeto... Y eso tiene que ver con el no ser capaces
de ganar la autoridad más allá del autoritarismo, hoy la autoridad tenemos
que ganarla de otra manera, con el diálogo, razonando, resolviendo
conflictos, no generándolos. Con sus tiras y aflojas, la convivencia no es
mala.
¿Podrías
decirnos alguna anécdota o momento simpático que recuerdes en tu paso por el
instituto?
En el instituto en todos estos años, hay
muchas cosas que son simpáticas, yo, posiblemente la que más recuerdo es la
campaña que se hizo contra la OTAN. Todos los institutos participaban de
alguna manera y se hizo un amago de guerra con harina, todavía hoy con
algunas diapositivas, recuerdo como el profesorado, conserjes y alumnos
estaban tiznados de blanco en ese símil de guerra. Era mucho mas viva la
participación colectiva en aquellos años, aunque he de reconocer que dos
acontecimientos recientes han modificado en positivo mi opinión sobre la
participación de la juventud: el desastre del Prestige y la guerra de Iraq.
Recuerdo la existencia de una radio, que con mucha gracia se llamaba “Radio
0 “ porque más o menos era lo que tenía de señal de antena.
Los jóvenes ahora somos
muy rebeldes e incluso puede que algo más violentos. Tú, aun así ¿puedes
opinar que te sientes querido frente al alumnado?
Creo que eso lo tendrían que decir ellos.
Hay violencia sí, se siente presente, pero la gente que trabajamos en el
instituto no estamos preparados para afrontar muchas situaciones que podrían
ser solucionables; aprender a negociar de alguna manera con los grupos que
son más violentos. Yo personalmente me siento bien trabajando, no me he
planteado nunca cambiar de sitio ni de trabajo, aunque con los años te vas
distanciando un poco, son más las diferencias que vas encontrando. Cuando
empecé en el instituto estaba más próximo en edad con el alumnado, ahora
estoy más lejos. No sé dentro de unos años, de momento estoy a gusto.
Me imagino que en tu paso
por el instituto habrás observado diversos cambios, ¿Podrías comentarnos
algo?
Ha cambiado muchísimo, el centro se ha
ampliado en muchos sitios y se han perdido espacios que eran muy
interesantes, espacios colectivos donde poder estar y demás, la existencia
de una cafetería, una radio y otro tipo de cosas que ayudan a relacionarse y
a hacer actividades. No se ha ido ampliando por aumentar el número de
alumnos sino por una concepción diferente, antes, había una masificación en
las aulas tremenda, desde treinta y algo de alumnos hasta cuarenta,
prácticamente sin espacio para las mesas y sillas, comentar que estas eran
de mucho peor diseño y resultaba casi imposible estar allí sentado. En todos
estos años el instituto ha crecido más de un tercio y tiene bastantes menos
alumnos de los que tenía y aun así da la impresión de que es pequeño. Ha
cambiado bastante y creo que tiene que cambiar mas todavía la concepción del
centro y del mobiliario para que sea cómodo.
¿Qué te parece la
despedida de curso que hacemos con globos de agua?
Es una forma de divertirse, de salir del
instituto y acabar. Nosotros cerramos el agua y la guerra se traslada más
hacía el parque y alrededores, pero supongo que como siempre, se necesita
algún tipo de salida, despedida, juego...
Tenemos la obligación de que se monte el
menor jaleo posible.