La ventana

nº6


LA ESMERALDA

   

      Desde los tiempos más antiguos el hombre se ha sentido atraído hacia las piedras preciosas por distintos motivos: mágicos religiosos, astrológicos, místicos, o, por puro placer. Algunas piedras que en otras épocas fueron valoradas como preciosas han sido hoy olvidadas y en cambio otros minerales han sido elevados a categoría de gemas.

    La tradición de los lapidarios, libros que tratan sobre la naturaleza y propiedades de las piedras, tiene su origen en Oriente y fue recogida tanto por los escritores grecolatinos como Aristóteles, Teofrasto,  Bolo de Mendes, Dioscórides, Galeno, Plinio, Solino, etc., como por la tradición judeocristiana a través de la Biblia.

 

    La esmeralda es una de las piedras que despertó mayor interés. Los egipcios ya las extraían de minas cercanas al mar Rojo y se dice que la reina Cleopatra (s. I a.C) hizo grabar su retrato en una de estas piedras.

 

    La Biblia, libro escrito a lo largo de varios siglos originalmente en hebreo, arameo y griego, cita la esmeralda en Éxodo cuando describe las 12 piedras preciosas del pectoral del sumo sacerdote, formando parte de la primera hilera. También en Apocalipsis la esmeralda es la cuarta piedra de la muralla de la Jerusalén celestial. Esta última historia y con las piedras  en el mismo orden la repetirán a lo largo de la  Edad Media los escritores eclesiásticos adornándola con propiedades moralizantes.

    En el s.I Plinio en su obra Historia Natural describe un lapidario y refriéndose a la esmeralda dice: “Hay doce clases de esmeraldas. Las más notables son las escíticas, llamadas así por el país donde se encuentran. Tienen tanta importancia por el lugar de procedencia, las esmeraldas de Bactria. Dicen que los bactrianos las recogen en las grietas de las rocas cuando soplan los vientos etesios (vientos del norte que soplan sobre Asia Menor  y el Egeo a finales de verano y durante cuarenta días). Luego se encuentran las de Egipto, las cuales son extraídas en las excavaciones de unas colinas próximas a Coptos. Las demás clases de esmeraldas se encuentran en las minas de cobre, destaca su color claro y en su interior se percibe cierta transparencia semejante a la del mar. Cuentan que había un león de mármol con ojos de esmeralda, cuyos rayos alcanzaban las profundidades del mar, por lo que los atunes huían asustados; durante tiempo los pescadores estaban sorprendidos hasta que cambiaron las gemas del león. Respecto a sus cualidades las esmeraldas de Chipre tienen diferentes tonalidades vedes. Por otro lado, el interior de algunas esmeraldas está atravesado por una sombra que apaga su color. Ateniéndonos a esto las esmeraldas se clasifican en oscuras, opacas y las que están como envueltas en una nubecilla. Todas las esmeraldas tienen filamentos, sal y manchas de plomo. Las esmeraldas de Etiopía son de verde muy intenso, Demócrito incluye en esta clase las esmeraldas de Termias y las de Persia. Estas últimas tienen un color como el aceite agrio; son luminosas y claras, pero no verdes. Algunas de éstas tienen la peculiaridad de envejecer, perdiendo el color y dañándose por el sol. Luego están las esmeraldas de Media, que tienen tonos variados y pueden llegar a tener algo de zafiro; son onduladas y en su interior presentan formas.”

        Solino (s.III) en su Colección de Hechos Memorables, cuenta que la Escitia asiática es el lugar de origen de las esmeraldas, que se encuentran custodiadas por los grifos (animales fabulosos con cuerpo de león y cabeza y alas de águila), terriblemente fieros. Los arimaspos, raza que posee un solo ojo, combaten contra ellos para arrebatarles estas gemas. Las esmeraldas resultan placenteras para los ojos y alivian la vista cansada; son de un verde más intenso que el prado húmedo y que las plantas fluviales. No se tallan para no destruir su belleza.

        Isidoro  de Sevilla obispo y escritor eclesiástico, de los s. VI-VII, en su obra Etimologías clasifica las piedras preciosas por colores. A la esmeralda la incluye dentro de gemas verdes: nada posee un verde tan intenso como ella,  es la más resplandeciente de este grupo. Cuando son lisas se reflejan las imágenes como un espejo. Nerón contemplaba en ella los combates de gladiadores. Mantiene las doce clases de Plinio. Su pureza y verdor resalta con el aceite.

    Marbodo de Reims (S. XII-XIII), obispo, en su Lapidario describe las doce piedras de la ciudad celestial, haciendo referencia a sus aplicaciones morales y su naturaleza. Sobre la esmeralda: “Mantiene el color verde intenso. Representa aquellos que tienen una fe más verde que nadie y en este verde superan a los infieles. Los demonios quieren arrancársela por la fuerza y ellos los vencen con la ayuda de Dios.”

    Alberto Magno (S.XIII) en “El libro de los secretos” dice que la esmeralda es muy clara y transparente, brillante y lisa y si es amarilla mejor. Se extrae de los nidos de los grifos. Reconforta y da seguridad, le da al que la posee buena memoria, aumenta sus riquezas y le faculta para predecir los acontecimientos si la pone debajo de la lengua.

    Alfonso X (S.XIII) es autor de un Lapidario que se basa en una traducción  del caldeo al árabe de otro anterior y de este al castellano de la época. En él se exponen las cualidades beneficiosas o perjudiciales que adquieren las 360 piedras por la influencia que ejercen en ellas los signos del zodiaco, los planetas, las constelaciones y la posición de sus estrellas. De cada una describe el significado del nombre, cualidades físicas, lugares de procedencia, propiedades dañinas o beneficiosas que adquieren bajo la influencia de las estrellas. Dice que la esmeralda pertenece al decimosexto grado del signo Tauro y que cuanto más verde es, mejor. Como virtud destaca que sirve contra todos los tósigos mortales y heridas o mordeduras de bestias venenosas. Por otro lado, si la traes contigo, protege de la enfermedad que llaman demonio.

    El autor anónimo del Libro de Alejandro, del s. XIII, que cuenta las hazañas de Alejandro de Macedonia, al describir Babilonia y las riquezas de la ciudad dice: “La esmeralda verde allí suele haber más clara que un espejo en donde puede ver.”

    Gaspar de Morales (s. XVI), boticario, filósofo y astrólogo, describe las principales virtudes curativas de las piedras, relacionándolas con las estrellas y planetas con el fin de combatir las enfermedades. Recoge lo que han dicho los escritores anteriores y aporta novedades: no hay color más apacible a la vista, se pueden ver imágenes como en un espejo como hacia Nerón para ver las batallas de los gladiadores. Llevándola encima no consiente la unión carnal ya que se rompe, y afirma en boca de  Alberto Magno que llevándola el Rey de Hungría en un anillo al realizar el acto sexual con su mujer se hizo pedazos. Hace castos a los que la traen consigo, da buena memoria, acrecienta las riquezas y ahuyenta la tempestad. Sirve contra las artes mágicas, contra las fiebres podridas, los venenos y contra las pasiones del corazón. También lucha contra la epilepsia hasta romperse y por eso se les ponía a los hijos de los Reyes al nacer una al cuello. Heródoto cuenta que los arimaspos pelean con los grifos porque estos tienen en su nido una esmeralda. Está sujeta al signo de Sagitario y es de la naturaleza de Venus y Mercurio y por influjo celeste adquirió las virtudes que tiene.

    En la actualidad la esmeralda se incluye dentro del grupo del berilo. Es un silicato de aluminio y berilio de color verde oscuro o verde hierba cuya sustancia colorante es el cromo. Forma cristales hexagonales pequeños, tiene brillo vítreo y una dureza de 7,5 a 8 en la escala de Mohs. Es la tercera piedra más preciosa, tras el diamante y el rubí. Suele tener unas impurezas que los joyeros llaman escarcha, que permiten diferenciarlas de las sintéticas. Las primeras esmeraldas sintéticas se fabrican en Europa en 1850. La esmeralda tallada más grande es un pequeño jarrón del siglo XVII, de 10 cm. de altura y 2.680 quilates (unidad de medida de la masa de las piedras preciosas equivalente a 0.2 g.)

 

 

Eva Caicoya (2º BCN)

 

 

 

 

LA VENTANA  

nº 6 Mayo 2003