Algunos alumnos de 4º ESO hemos
entrevistado a los profesores que más años llevan en el instituto, estas
son algunas de las anécdotas que nos contaron:
INDURÁIN
Empecé en
este instituto hace unos 20 o 21 años. Tuve una buena acogida, había un
ambiente agradable y entusiasta. Me sorprendió mucho la buena relación que
existía entre los profesores y los conserjes Luchi y Maruja. Tenían una
actitud muy cálida y cariñosa con todos.
Recuerdo
que había un grupo de profesores con mucho interés por realizar
actividades del instituto. Yo me uní a ellos: daba por las tardes clases
de dibujo.
Me viene
ahora a la cabeza un recuerdo agradable: tenía un grupo de alumnos que
venían a pintar conmigo por las tardes para preparar la carrera de Bellas
Artes. Formaban parte de una clase a la que di clase durante cuatro años.
Era una clase muy trabajadora. Eran alumnos muy agradables y simpáticos.
Trabajaban mucho y realizaban un trabajo muy bueno. Muchos de ellos
llegaron arquitectos.
También
recuerdo a un alumno que iba a electricidad. Era muy inteligente. Decidió
cambiar a la opción de dibujo. Yo le di clases particulares y en un semana
aprendió lo que el resto de la clase había tardado un año.
Cuando
empecé a trabajar el edificio donde se encuentra la clase de dibujo estaba
en ruinas. En lo que es ahora la biblioteca había cascotes y tenían aquí
montado el chiringuito gente que venía a dormir . Se les echó y se
rehabilitó el edificio.
Por aquel
entonces había pocos profesores, la biblioteca era la actual sala de
profesores y ésta estaba en la sala de fumadores del Centro.
CARLA PRIETO GONZÁLEZ
CHELO (La directora)
He estado
haciendo memoria, recuerdo que antes se entraba por el gimnasio que era un
porche. La gente era más disciplinada, había un orden general mucho mejor
que el de ahora. Los alumnos no faltaban a clase.
Cuando yo
llegué, el colegio lo dirigían las monjas de la Asunción, que además del
instituto también tenían el Medina. Allí tenían cocina y para los recreos
nos subían a la sala café y dulces.
Las dos
alas del instituto son prolongaciones que se hicieron después. Así y todo
el instituto tenía de 500 a 600 alumnos. Las clases llegaban a ser hasta
de 40 alumnos y cuando eran de 36 ya nos parecían muy pocos.
En
aquellos años los alumnos tenían un gran sentido de grupo, participaban en
la vida del Centro... Es todavía el día de hoy que se reúnen y a esas
reuniones acudimos los profesores que les dábamos clase. Todo el mundo
tiene una referencia , si hay algún acto todos nos movemos y nos
coordinamos. Tengo un buen recuerdo agradable de eso.
El horario
del instituto era: de 9 a 13 y media, más luego dos horas más por la
tarde.
CARLA
PRIETO GONZÁLEZ
Anécdotas de Pepa
Pepa lleva 23 años en
el instituto en los que ha procurado ir siempre de frente y defender sus
puntos de vista. Reconoce que se ha equivocado a veces pero que cuando se
ha dado cuenta se ha disculpado.
Ha vivido el cambio
en las instalaciones y el cambio en la forma de comportarse de los
alumnos; antes los alumnos tenían más consideración hacia los profesores.
Echa de menos tener a los mismos alumnos varios cursos seguidos y más días
por semana, porque llegaba a conocerlos más personalmente, pero no echa
en falta los 40 por curso, aunque en ocasiones, piensa que las clases si
son demasiado pocos alumnos resultan aburridas y menos vivas.
Entre las pocas
anécdotas que nos contó recogemos dos de ellas:
1. En el año 79
llegué “nueva” entre veinticinco o veintiséis profesores más. Me alegré
mucho al encontrar caras conocidas . Había un compañero de curso y varios
profesores más que conocía de mi época en la Universidad.
Cuando llegué al
Instituto lo primero que me impactó fue la entrada ¡¡NO HABÍA ACERA!!
Había llovido y delante de la puerta principal toda era barro y charcos.
Pasamos por el gimnasio, bordeando el edificio. También allí había un
charco enorme. Imagináos a veintitantos profesores, en fila, de puntillas
y con los pantalones remangados.¡¡Hubiera sido genial tener un vídeo!!
2. Un año, a final de
curso, después de dar las notas ,cuando ya se habían marchado todos,
estaba una alumna de COU sentada en el hall. Cuando me iba le pregunté qué
hacía tan sola.
-Te estoy esperando
para darte algo. Es de mi jardín. Nunca me atreví y sé que te gustan.
Quiero dártelo antes de irme del Instituto. De una bolsa de plástico sacó
un ramo de rosas y me lo entregó.
Un aula de aquellos
entonces.
¡Mirad a Pepa, la de
Francés, si parece una cría...!
CÉSAR, PROFESOR DE
FÍSICA Y QUÍMICA
Recuerdo que éste fue uno de los primeros centros de
Asturias que se prestó unirse al proyecto de la reforma de educación. Lo
hizo años antes de que se implantara por ley en los demás centros de
enseñanza secundaria, antes llamados institutos de bachillerato. Fue algo
que reflejaba en gran medida el aire de cambio que se respiraba en el
instituto de aquella entonces. Otro recuerdo curioso mío se refiere a un
antiguo profesor del centro que impartía clases de física y química.. Se
llamaba Horacio y tenía la costumbre de llevar una especie de diario de
todo lo que sucedía en el centro, ya fuera algo importante o de lo más
cotidiano y lo más llamativo es que el cuaderno donde escribía era
diminuto, nadie podía leer en él, sólo el propio Horacio, y éste tenía que
hacerlo con lupa de tan enana que era la letra.
LYDIA ROMERO NEILA
Aquí tenéis a César tomando un pinchín en la cafetería del
IES Roces, sí, sí, CAFETERÍA, que estaba donde está ahora el aula de
Mercurio, ¿y sabéis quién es ese de perilla que está a la derecha? ¡Es
PUENTE, el conserje! ¿Guapo, eh?
LUCHI
Luchi nos cuenta varias anécdotas
graciosas: cuando Maruja pinchaba a un grupo de alumnos con una aguja que
guardaba en el bolsillo de la bata; los alumnos se mosqueaban y ella les
decía que no tenía nada en las manos. Eso sí, acababan yendo a clase, que
es lo quería ella..
También, cuando unos niños del
Instituto se escondían en el antiguo gimnasio (que estaba donde está
ahora el aula Mercurio) para pirar; Luchi y Maruja nunca los encontraban,
hasta que un día Maruja vio unos pies debajo de una colchoneta. Entonces
le dio un pronto y fue corriendo hacia allí y se puso a bailar encima de
la colchoneta, diciéndole a Luchi: “Mira, mira como bailo”. Los niños le
pedían gritando, que parase de bailar. Éstas son dos de las historias que
nos contó. A mí y a mi compañera nos hicieron reír, esperemos que a
vosotros también.
Aroa y Lilian,de 4º C
Mirad a Marina cómo traía a
sus alumnas de cabeza