La ventana

nº5


RECUERDOS DE ROCES

Algunos alumnos de 4º ESO hemos entrevistado a los profesores que más años llevan en el instituto, estas son algunas de las anécdotas que nos contaron: 

 

INDURÁIN

Empecé en este instituto hace unos 20 o 21 años. Tuve una buena acogida, había un ambiente agradable y entusiasta. Me sorprendió mucho la buena relación que existía entre los profesores y los conserjes Luchi y Maruja. Tenían una actitud muy cálida y cariñosa con todos.

Recuerdo que había un grupo de profesores con mucho interés por realizar actividades del instituto. Yo me uní a ellos: daba por las tardes clases de dibujo.

Me viene ahora a la cabeza un recuerdo agradable: tenía un grupo de alumnos que venían a pintar conmigo por las tardes para preparar la carrera de Bellas Artes. Formaban parte de una clase a la que di clase durante cuatro años. Era una clase muy trabajadora. Eran alumnos muy agradables y simpáticos. Trabajaban mucho y realizaban un trabajo muy bueno. Muchos de ellos llegaron arquitectos.

También recuerdo a un alumno que iba a electricidad. Era muy inteligente. Decidió cambiar a la opción de dibujo. Yo le di clases particulares y en un semana aprendió lo que el resto de la clase había tardado un año.

Cuando empecé a trabajar el edificio donde se encuentra la clase de dibujo estaba en ruinas. En lo que es ahora la biblioteca había cascotes y tenían aquí montado el chiringuito gente que venía a dormir . Se les echó y se rehabilitó el edificio.

Por aquel entonces había pocos profesores, la biblioteca era la actual sala de profesores y ésta estaba en la sala de fumadores del Centro.

CARLA PRIETO GONZÁLEZ

CHELO       (La directora)

He estado haciendo memoria, recuerdo que antes se entraba por el gimnasio que era un porche. La gente era más disciplinada, había un orden general mucho mejor que el de ahora. Los alumnos no faltaban a clase.

Cuando yo llegué, el colegio lo dirigían las monjas de la Asunción, que además del instituto también tenían el Medina. Allí tenían cocina y para los recreos nos subían a la sala café y dulces.

Las dos alas del instituto son prolongaciones que se hicieron después. Así y todo el instituto tenía de 500 a 600 alumnos. Las clases llegaban a ser hasta de 40 alumnos y cuando eran de 36 ya nos parecían muy pocos.

En aquellos años los alumnos tenían un gran sentido de grupo, participaban en la vida del Centro... Es todavía el día de hoy que se reúnen y a esas reuniones acudimos los profesores que les dábamos clase. Todo el mundo tiene una referencia , si hay algún acto todos nos movemos y nos coordinamos. Tengo un buen recuerdo agradable de eso.              

El horario del instituto era: de 9 a 13 y media, más luego dos horas más por la tarde.

CARLA PRIETO GONZÁLEZ

 

Anécdotas de Pepa

Pepa lleva 23 años en el instituto en los que ha procurado ir siempre de frente y defender sus puntos de vista. Reconoce que se ha equivocado a veces pero que cuando se ha dado cuenta se ha disculpado.

Ha vivido el cambio en las instalaciones y el cambio en la forma de comportarse de los alumnos; antes los alumnos tenían más consideración hacia los profesores. Echa de menos tener a los mismos alumnos varios cursos seguidos y más días por semana, porque llegaba a conocerlos más personalmente,  pero no echa en falta los 40 por curso, aunque en ocasiones, piensa que las clases si son demasiado pocos alumnos resultan aburridas y menos vivas.

Entre las pocas anécdotas que nos contó recogemos dos de ellas:

1. En el año 79  llegué “nueva” entre veinticinco o veintiséis profesores más. Me alegré mucho al encontrar caras conocidas . Había un compañero de curso y varios profesores más que conocía de mi época en la Universidad.

Cuando llegué al Instituto lo primero que me impactó fue la entrada ¡¡NO HABÍA ACERA!! Había llovido y delante de la puerta principal toda era barro y charcos. Pasamos por el gimnasio, bordeando el edificio. También allí había un charco enorme. Imagináos a veintitantos profesores, en fila, de puntillas y con los pantalones  remangados.¡¡Hubiera sido genial  tener un vídeo!!

2. Un año, a final de curso, después de dar las notas ,cuando ya se habían marchado todos, estaba una alumna de COU sentada en el hall. Cuando me iba le pregunté qué hacía tan sola.

-Te estoy esperando para darte algo. Es de mi jardín. Nunca me atreví y sé que te gustan. Quiero dártelo antes de irme del Instituto. De una bolsa de plástico sacó un ramo de rosas y me lo entregó.

Un aula de aquellos entonces.

¡Mirad a Pepa, la de Francés, si parece una cría...!

 

CÉSAR, PROFESOR DE FÍSICA Y QUÍMICA 

Recuerdo que éste fue uno de los primeros centros de Asturias que se prestó unirse al proyecto de la reforma de educación. Lo hizo años antes de que se implantara por ley en los demás centros de enseñanza secundaria, antes llamados institutos de bachillerato. Fue algo que reflejaba en gran medida el aire de cambio que se respiraba en el instituto de aquella entonces. Otro recuerdo curioso mío se refiere a un antiguo profesor del centro que impartía clases de física y química.. Se llamaba Horacio y tenía la costumbre de llevar una especie de diario de todo lo que sucedía en el centro, ya fuera algo importante o de lo más cotidiano y lo más llamativo es que el cuaderno donde escribía era diminuto, nadie podía leer en él, sólo el propio Horacio, y éste tenía que hacerlo con lupa de tan enana que era la letra.

 LYDIA   ROMERO  NEILA

 

Aquí tenéis a César tomando un pinchín en la cafetería del IES Roces, sí, sí, CAFETERÍA, que estaba donde está ahora el aula de Mercurio, ¿y sabéis quién es ese de perilla que está a la derecha? ¡Es PUENTE, el conserje! ¿Guapo, eh?

 

LUCHI

Luchi nos cuenta varias anécdotas graciosas: cuando Maruja pinchaba a un grupo de alumnos con una aguja que guardaba en el bolsillo de la bata; los alumnos se mosqueaban y ella les decía que no tenía nada en las manos. Eso sí, acababan yendo a clase, que es lo quería ella..

También, cuando unos niños del  Instituto se escondían en el antiguo gimnasio  (que estaba donde está ahora el aula Mercurio) para pirar; Luchi y Maruja nunca los encontraban, hasta que un día Maruja vio unos pies debajo de una colchoneta. Entonces le dio un pronto y fue corriendo hacia allí y se puso a bailar encima de la colchoneta, diciéndole a Luchi: “Mira, mira como bailo”. Los niños le pedían gritando,  que parase de bailar. Éstas son dos de las historias que nos contó. A mí y a mi compañera nos hicieron reír, esperemos que a vosotros también.

Aroa y Lilian,de 4º C

 

Mirad a Marina cómo traía a sus alumnas de cabeza

 

 

 

 

 

 

LA VENTANA  

nº 5 Mayo  2002