MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942)
El día 28 de Marzo de2002 celebramos
el 60 aniversario de la muerte del poeta Miguel Hernández, una muerte
“temprana” pues “nos dejó” a los 32 años, y triste, en la enfermería de la
prisión (Reformatorio de Adultos) de Alicante, motivada por una
tuberculosis probablemente contraída, también, en alguna de las otras
prisiones por las que peregrinó (Sevilla, Madrid, Palencia y Ocaña) los
tres últimos años de su vida.
Sus últimas palabras fueron “¡Qué
desgraciada eres, Josefina!”. Josefina Manresa, su mujer, su apoyo en
aquellos momentos tan difíciles:
”Josefina, mándame inmediatamente tres o cuatro kilos de algodón y
gasa, que no podré curarme hoy si no me los mandas. Se ha acabado todo en
esta enfermería. Comprenderás lo difícil de curarme aquí. Ayer se me hizo
la cura con trapos, y mal”.
Con ella tuvo dos hijos, el primero
murió a los diez meses, víctima de una infección intestinal, y el segundo,
nacido en el 39 inspiró sus famosas “Nanas de la cebolla” escritas en la
cárcel:
“Estos días me los he pasado
cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla
que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y
sacar zumo de cebolla en vez de leche”.
A la cárcel le llevan su militancia,
su compromiso político con la República (fue combatiente en el famoso
Quinto Regimiento) y con el pueblo del cual procedía (tuvo que dejar la
escuela para trabajar con su padre cuidando cabras) y del que se sentía un
miembro más: así se lo dice a su amigo Vicente Aleixandre:
“Los poetas somos Viento del
Pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus
ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas”.
A su otro gran amigo de su
Orihuela natal, Ramón Sijé, le dedica una desgarrada elegía:
“A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas
cosas
compañero del alma, compañero”.
Consiguió un lugar importante entre
los poetas de su tiempo gracias a la intensidad de las emociones que nos
comunica
“como el toro me crezco en el
castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval
sonoro”.
“Para Miguel Hernández en recuerdo de
nuestra amistad en la cárcel”. Antonio Buero Vallejo.
Pinturas murales en homenaje a Miguel
Hernández, en Orihuela, 1977
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