Seguramente que a casi todos, se nos haya planteado alguna vez la opción de elegir entre
la playa o la montaña, siendo lo más habitual escoger la primera, pues el agua
suele constituir un elemento decisivo. Pero , lo que pocos saben, es que también la
montaña ofrece la posibilidad de unos buenos remojones, salpicados de mucha, mucha
emoción. Son los descensos de cañones, que como su nombre indica, se trata de bajar por
los estrechos cauces de los ríos de montaña, encontrándonos , con un verdadero parque
acuático compuesto por cascadas, resbaladizos toboganes de roca, y profundas pozas, en
las que zambullirnos continuamente.
Las
técnicas que emplearemos, serán una mezcla de montañismo y espeleología, y el material
básico es un traje de neopreno que nos proteja del frío, cuerdas que nos permitan
descender las cascadas, arneses con los que suspendernos de las cuerdas, y los aparatos
específicos que faciliten ese descenso.
Algunos de
vosotros, ya sabéis la sensación que se tiene al estar colgado de una cuerda pues el
día de la fiesta de Navidad, montamos un rápel y una tirolina.
Por
último, tener en cuenta, que estas actividades, son de por si peligrosas, y solo una
preparación y material adecuado, así como la compañía de expertos, nos la harán
asequible sin riesgo, pues la finalidad es pasárselo bien, y no jugarse el tipo. Por
ello, si después de ver este artículo te pica el gusanillo, ponte en contacto con la
federación o algún grupo de montaña o espeleología para que te asesoren.
Posdata: La próxima vez que decidas,
¿seguirás yendo a la playa?.